Este fin de semana, domingo de la Octava de Pascua, celebramos el domingo de la Divina Misericordia recordando la visión de Santa Faustina Kowalska, de origen polaco, quien tuvo varias revelaciones sobre la Misericordia Divina.
“Deseo que mi misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en mi misericordia. Por tanto, que ningún alma tenga miedo de acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata”. Este fue uno de los mensajes que santa Faustina recibió del Señor y que, en este segundo domingo de Pascua, ponemos sobre el altar.
Desde su canonización en el año 2000 por manos de San Juan Pablo II conocemos y celebramos este domingo bajo el título de la Divina Misericordia. Vivamos y experimentemos en nuestras vidas la Misericordia infinita de Dios y pongámosla en práctica también con los demás.
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